28 jul. 2015

Monólogo interior del caos, el aburrimiento y el Photoshop

Me aburro sólo
sólo me aburro.

Y pasan cosas
pero me aburro.

A ver si voy a ser un insecto en ambar gris,
a ver si toda la creatividad
se me está pudriendo en la nevera

a ver si estoy metamorfoseándome en pez globo.

Tengo el Photoshop abierto
para suavizar la superficie de tres o cuatro obsesiones,
redondear el nervio punzante (me sentó mal el café),
ponerle bigotes a la rutina (o un sobrero picudo)
o, concretemos, hacer un dibujo tonto

y nada, hoy no hay cojones ni ganas ni nada
y luego claro
me aburro, divago

y pienso que todo
todo es Photoshop,
todo retocado.

Todo mentira.

Ya no me fío de las piernas de la Johannsen
ni de las de la Schiffer
ni de la cara del senador
ni del candor de un niño
ni de que sean pichas las que vienen en vinagre
ni de los poemas de desespero
ni de los de aburrimiento

como este, que acaba plano y retocado
y que también se pudrirá en la nevera
o se convertirá en un pez globo
envuelto en ambar gris
fabricado con pixels caducados (qué cosas digo).

Mejor apago el ordenador
y me entretengo en acolchar las paredes de mi cuarto.

Eso sí sería divertido.

Tanto Photoshop, tanta fanfarria y tanta hostia...

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