19 abr. 2015

Oda a un grano en el culo

Al sentirme lo senté,
y enseguida lo palpé.
Y al palparlo tuve un pálpito.
Así proclamé en un púlpito:

ni los pingües privilegios
ni las mesuras, los estrépitos
ni los más caros colegios

te salvan
en salva la parte
(ni en los culos más egregios)
de encontrarte un grano avieso
en esa parte de la piel
(ni lavando con Ariel
los gallumbos con exceso)

o de tornarte en un infiel,
en un absceso
cruel, contumaz, obseso
para este prójimo o aquél.

Sólo en tu deceso
cuando sólo seas hueso,
podrida ya la piel,
acabará el pesado peso
de ese picor en tu obeso
culo de tonel

o dejarás de ser un sieso,
un grano, un estorbo, un divieso
una ladilla de burdel.

¡Adiós pues, grano sin seso,
adiós, mundo cruel!

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